domingo, 24 de julio de 2011

Todo tiene un por qué...


Comenzando éste año electoral, con un promedio de 20 muertos diarios, me dio por preguntarme en las razones por las que Dios me habría enviado a vivir en éstas condiciones. Un país que a los ojos del mundo es un "paraíso judicial" y por consiguiente, uno criminal. Vivimos en un país donde todos hacen lo que quiere y no existe la aplicación de la Ley.

He tenido la oportunidad de viajar a un país del primer mundo, y la verdad es una realidad totalmente diferente; es un estilo de vida, literalmente, de otro mundo. En un país donde existe 1 persona asesinada mensualmente, lo cual ya es algo un poco alto para ellos. Pero, en general, una sociedad totalmente culta y que se queja por que sus escuelas no tie
nen buenos calentadores, pero que en realidad está tan equipada como algunas universidades privadas del país. Repito, de otro mundo.

Durante mi estadía en éste lugar, pude compartir un año en la casa de un ministros evangélico, de la iglesia Presbiteriana Escosesa. Y una de las cosas que me llamó mucho la atención en uno de sus servicios, fue cómo intentó explicarle a la gente que los milagros de Dios sí existían. Pero es obvio que les cueste creerlo si viven en su "capsula de seguridad". Lo que me lleva al motivo de ésta nota.

Considero que Dios nos ha enviado a un país tan dominado por la violencia y la corrupción, para que nos demos cuenta de cómo es que Él puede actuar en nuestras vidas. Por que es muy complicado darse cuenta de las maravillas de Dios en un lugar donde uno puede salir a caminar a la calle a la media noche, teniendo la seguridad de que nada le va a pasar. Pero, en nuestro país el hecho de poder llegar a nuestros hogares sin haber escuchado disparos, sin haber visto o sido víctima de algún asalto, o incluso de que podamos ver a todos nuestros seres queridos sanos y salvos, ya es un milagro y aquí podemos ver cómo la mano de Dios se encuentra en nuestras vidas.

Por lo que hoy, le agradezco a Dios, no solo por el hecho de haberme dado la vida, sino porque puedo decir que durante mi corta edad, puedo ser testigo de cómo Dios puede obrar en la vida de las personas que le aman. Y le agradezco a Dios, por haberme enviando a mi linda Guatemala. Por que de no vivir en ésta situación, no sabría decir si mi fe sería tan fuerte como lo es ahora.